En busca de Dios por el camino de la poesía, George Herbert
Cuando hablamos de la poesía, muchos se pensarán en rimas de amor apasionado, desilusión dolorosa, o elogiosas victorias, y otros tantos, en una poesía, construida sobre la fé en Dios, y tratando de ser el acercamiento del hombre con ese Dios, en el que, debemos decirlo, algunos creen y otros no. Pero creas o no, igual la poesía del autor inglés George Herbert, tiene belleza estética y profundidad religiosa, ésta última comprensible, siendo que el poeta era además, un clérigo en Salisbury, Inglaterra, su país natal.
La poesía de Herbert es de actualidad, pese a que él vivió durante los años de 1593 y 1633, en los que fue primero un muchacho estudioso, que anhelaba convertirse en un religioso, y luego como un clérigo modesto y reservado, se vio además con talento para convertir hermosas rimas que fueran al mismo tiempo comprensibles para la gente. No había para él, como para tantos otros, confusiones sobre sus creencias, Dios era el que inspiraba su obra, y el que él reconocía así le había dado semejante talento.
Y aunque sus rimas puedan parecer meláncolicas, quizá tristes, demasiado reflexivas, para el gusto de algunos, lo cierto es que, son motivadoras de reflexiones, porque así debemos entenderlo, la cuestión teológica está presente constantemente en nuestras vidas. Herbert nos lleva en sus rimas, a meditar sobre ese Dios, que en medio de las tribulaciones nos pensamos inexistente, y del que en el colmo de nuestro egoísmo humano, olvidamos cuando la alegría nos transporta, y aún así, algunas veces, nos sentiremos confusos o sencillamente inclinados a cuestionarnos sobre ese Ser supremo, del que nuestros ancestros nos hablaron, el que nuestras madres nos inculcaron, y es que no deben pensarse tampoco que la poesía de Herbert resultará lenta o aburrida, es ya les digo, una poesía sencilla, llevada por la humildad del autor, y una búsqueda de reconciliar al hombre y Dios, por un hombre que lo mismo era un religioso que un poeta consumado, y que hasta hoy en día mantiene la intemporalidad de su producción poética, llena de sencillez y candor.
En los últimos años, la poesía de Herbert ha obtenido mayor auge, gracias a la cultura del gótico, que ha hecho suyos, algunos de los más famosos poemas del autor.
Amor
Amor me abrió la puerta; y aún el Alma temía, culpable de polvo y pecado Pero Amor, con prontos ojos viendo mi duda y mi retraimiento, se acercó y dulcemente me preguntó: - ¿Acaso hay algo que eches en falta? - Un invitado digno -dije- de estar aquí. - Serás tú -dijo Amor-. - Yo ? Con mi ingratitud y mi maldad? Ah, mi amado, yo no puedo mirarte. Amor tomó mi mano y replicó sonriendo: - ¿Quién hizo esos ojos, sino yo ? - Es verdad, Señor; pero yo los profané; deja que mi vergüenza vaya donde merece. - ¿Y no sabes -dice Amor- quién asumió la culpa ? - Mi amado, entonces yo serviré. - Debes sentarte -dice Amor- y comer mi carne. Me senté pues, y comí.
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Escrito por Sunday |
18 de Febrero de 2010 con
2 comentarios.
Etiquetas: George Herbert, poesía
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