Honoré de Balzac un genio romántico no correspondido

Aunque Honoré de Balzac se sitúa como el líder del realismo francés, su figura siempre resulta una evocación romántica en sus vivencias, el enamorado que no recibe igual amor del que prodiga, el hijo que ama a unos padres, sobretodo la madre, que le muestran total desapego. Un hombre talentoso que se ve orillado al acoso de los acreedores, un genio incomprendido que tenía en su vida como se había desarrollado, mucho para ver la realidad que ya luego nos trasladó en sus fantásticas novelas.

Balzac nació en Tours en 1799, en el seno de una familia un tanto acomodada. A poco de nacer fue entregado a una nodriza que le cuidaba y llevaba de visita una vez al mes con sus padres. Fue recibido en su casa luego por un poca temporada, y su madre insistió en internarle en Véndome en donde vivió una época especialmente solitaria y amarga.  Aunque un internado de paga, con niños de clase acomodada como él, sus padres le escatimaron todo el dinero posible de modo que sus compañeros se burlaban de él, nunca fueron a visitarle, no le permitian ir a casa en las fiestas y los maestros la tomaron con el niño soñador que les parecía no eso, sino un holgazán.

Volvería a casa por una corta temporada antes de volver a otro internado y ya convertido en muchacho, se decide por la literatura, aunque su madre dedicada en exclusiva a rebajarle de sus méritos y empecinarse en convertirle en abogado lo manda a la Sorbonna. Pero un golpe de fortuna le permite  conocer a un escritor de folletines que le emplea, no es el trabajo que él anhela pero sirve para sobrevivir.

Para 1831 está lleno de deudas, siempre fue derrochador y mal administrador, pero ya ha logrado algunos éxitos literarios. Y en 1831 conoce a la condesa rusa Ewelina Hanska, que subyugada por el talento de Balzac inició una correspondencia anónima con él, haciéndose llamar “La extranjera” en sus cartas y hechizando a Balzac con sus palabras. Aunque el marido de la condesa vivía y ella no tomaba en serio a Balzac la relación duró algún tiempo con cariñosas cartas, ya la Condesa no miraba tan fríamente al autor y le prohibió tomar amante alguna, lo que Balzac sin duda alguna ignoró.

Cuando ya se habían distanciado, la Condesa Hanska quedó viuda y Balzac decidió casarse con ella aunque ella no aceptara hasta luego de muchos ruegos, parecía amar él más que ella. Y aunque se casaron y mudaron a París, la Condesa siempre le trató fríamente a tal punto que cuando enfermó y estaba moribundo lo abandonó solitario, muriendo en la más absoluta soledad. Desde su infancia no había gozado de mucho afecto y su enorme talento sólo fue apreciado por sus contemporáneos y no por quien él siempre buscó desesperadamente agradar: su madre.

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Escrito por Sunday | 7 de Septiembre de 2010 con 0 comentarios.
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