La literatura también tiene sus sorpresas

La literatura también tiene sus sorpresas, como todas las áreas del quehacer humano, la literatura también tiene sus momentos, y sus cosas raras o sorprendentes, que no dejan de ser curiosas, y quizá algunas de las que paso a contarles no se la supieron nunca, o la imaginaron, ahora podrán sorprenderse.

Ernest Vincent Wright un libro sin la “e” probablemente Wright habría pasado sin interés alguno para la historia, porque a pesar de que antes de este peculiar y extraño libro, por el que sus contemporáneos le tildaron de extraño y las generaciones posterioes encontraron extravagante pagando hasta enormes sumas de dinero por una edición de su libro en el que excepto la presentación y una hoja al final, todo el texto de alrededor de 50,000 palabras carece de la letra “e”.

El libro John Gadsby  fue intitulado por su autor “más de 50, palabras sin usar la letra E”, lo logró limitando la tecla de la E en su máquina de escribir, por lo que cada que aparecía la letra E para su historia, sustituía la palabra con un sinónimo. El libro no consiguió un editor y al final logró que lo publicarán en una revista tipo tabloide pero él murió antes que su libro viera la luz. Con el tiempo se convirtió en una rareza de la que existen en realidad pocos ejemplares que han costado miles de dólares.

Winston Churchill es recordado como el gran estadista que llevó a Inglaterra a  resistir la sombra del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que político era también escritor de ensayos y admiraba la historia, así que se vio escribiendo sobre aquellos convulsos tiempos de la historia europea y en 1953  ganaba el Premio Nóbel de Literatura por su oratoria en favor de los valores humanos  y su fidelidad a la consignación de la historia.

Jonathan Swift escribió el inolvidable “Viajes de Gulliver” que se convirtió desde su publicación en un rotundo éxito que dura hasta hoy. Pero Swift también sorprendió a los científicos de tiempos posteriores, porque en su libro habla del planeta Marte y sus dos lunas que en el momento en que él escribía no se tenía idea que existían muchos años después fueron descubiertas y en su honor se nombraron como él las llamo. ¿cómo lo sabía? Aunque lo Swift raya en lo sorprente no dejó de ser sorprendete otro gran autor, el francés Julio Verne cuyas obras adelantaron tecnologías como el fax e internet siglos antes que nadie los pensara.

Gustave Flaubert despreciaba “Madame Bovary” no porque fuera carente de su gran talento literario, ni que en su momento no le hubiera agradado a él, sino porque sencillamente desde el momento que vio la luz, su historia le trajo contratiempos, ya le acusaron de inmoral y su obra la catalogaron de simple perversión, ataque a las buenas costumbres, una heroína escandalosa que no merecía ser leída por nadie. Con aquella reacción sin duda Flaubert se vio enfadado con aquel libro que en los años siguientes lo colocaría como uno de los grandes escritores de su tiempo.

William Faulkner no soportaba otro trabajo que no fuera escribir, o al menos hasta que descubrió su verdadera vocación Faulkner se la pasó cambiando de empleo y quejándose de sus aburridas tareas, entre departir con sus compañeros, ausentarse de sus labores e intentar sentirse menos aburrido Faulkner fue finalmente despedido lo que sin duda sirvió para que un día fuera un gran escritor galardonado con el Premio Nóbel.

Frank Baum y su Mago de Oz, triunfaron pero cuando se había decidido a ponerle nombre a su obra no encontraba una que el gustara así que aburrido a punto de abandonar el tema vio al archivador y se se encontró con un apartado con las iniciales OZ y fue por ello que denominó así a su obra creando una palabra que no existía antes.

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Escrito por | 10 de enero de 2011 con 1 comentario.
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Comentarios

  1. Mi complejo de Edipo de Frank O’Connor - 1001 Libros - 30 de enero de 2011 | 2:52

    [...] La literatura también tiene sus sorpresas [...]

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