Lou Andreas Salomé, musa indiferente

Lou Andreas Salome, nació en la floreciente ciudad de San Petersburgo, el 12 de febrero de 1861 en una familia de numerosos hijos, de los cuales ella fue la única hija, una chica inteligente, osada y autodidacta, que se dedicó por ella misma a superar las normas sociales que le impedian obtener educación y ser una mujer emancipada.  Siendo muy joven convenció a un teólogo alemán a enseñarle teología y  filosofía y con él aprendió literatura, de tal modo que ella capturó en si todo el conocimiento  y él se enamoró perdidamente de ella, los separaban 25 años y estaba casado y  ella no tenía la menor intención de entablar relación sentimental alguna con él, con lo que lo convertiría en el primer corazón que cautivaba y condenadaba al sufrimiento.

Ya en París para asistir a la universidad, se dio  a la tarea de aprender todo cuanto fuera posible y es que tenía una gran aptitud para todo lo que emprendía pero al mismo tiempo, como el tiempo confirmaría, una nula intención de explorar los sentimientos y el sexo.  En su periplo europeo conoció a Paul Rée escritor talentoso pero un adicto al juego, que se sintió inmediatamente atraido a ella, Lou lo vió como el intelectual que podía aportar más a su ávido interés por saber, y convivió con él durante algún tiempo, como simples compañeros de casa, él la amaba hasta el punto de intentar suicidarse, hecho que logró 20 años después cuando  asumiendo que no había dejado de amarla, volvió al viejo lugar donde había confesado su amor y había sido igualmente despreciado y se suicidó, no era que no le importara a la bella, sino que sencillamente como sucedería con más hombres, ella admiraba la mente y el talento de sus adoradores, no su amor.

En la época misma en que conocía a Rée, éste le presentó a su mejor amigo, el gran Federico Nieztche, quien automáticamente quedo prendado de ella, le conmovian enormemente su soltura y su gracia, y aún más su mente inteligente y su curiosidad intelectual, pero como su amigo fue rechazado, y es que sabía o quizá ni estaba consciente del influjo que ejercía en los hombres que se enamoraron de ella.  Nietzche como Rée pensó en el suicidió, pero decidió volcar su frustración en la literatura, cosa que resultó viendo su producción, algo grandioso para él y el mundo.

Tanto era lo que Lou hacía sentir que sus adoradores, le complacian en todos sus requerimientos, aún el doctor en lengua Carl Friederich Andreas con el que se casó, eso no cambió su actitud ante el amor y el sexo, aunque vivieron más de dos décadas juntos, sexualmente nunca estuvieron juntos a petición de Lou, y  el Doctor Andres se conformó y se dedicó a amarla y perdonarla, cuando encontró algunos se dice, que si le interesaron despertándole el interés romántico y sexual, ¿un afortunado? el gran poeta Reiner María Rilke, del que se enamoró y esta relación tenía sus diferencias, ya no era ella la joven, sino la adulta, y no era él entonces…el locamente enamorado,  sino ella.  La relación que dio fruto en muchos cartas …él era un jovenzuelo en la veintena, un inexperto joven que se abría paso en la poesía, ella se convirtió como para los otros en la musa inspiradora, pero en este caso en la consejera, en la amiga y en la amante fervorsa.

Y es que ella por sí misma era ya un talento, para nada necesitaba como algunos detractores señalaron luego, asociarse con hombres importantes como Nietzche y Rilke, ella la chica que decidió sobresalir por sobre sus hermanos, que se educó a si misma, y aprendió todo lo posible,  escribió varias novelas de gran valía, se retiró sus últimos años a un anónimo pueblo en donde murió en 1937, aquella que Freud consideró merecedora de ser recibida en su círculo, fue amiga de Ann Freud, y se sumergió lo mismo que en el estudio profundo del psicoanálisis en las prácticas que su marido el doctor Andres llevaba a cabo y por lo que solían decirle “La Bruja de Hamberg”.

Aquella chica que a unos parecía tosca y fría, tenía una luminosidad particular en sus profundos ojos azules, tenía la tez blanquísima, un cabello hermoso, alta y de buena figura, era una mujer enigmática, que igual podía sonreir con los sencillos personajes que encontraba en la calle que enfrascarse en debates con los más talentosos hombres, era una musa pero siempre indiferente.

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Escrito por Sunday | 7 de Abril de 2010 con 4 comentarios.
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Comentarios

  1. Spanish Mextli - 19 de Octubre de 2010 | 10:18

    García Márquez…

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