Madame Bovary o casarse para morir de aburrimiento

Una desencantada Emma, se pasa las tardes frente a la ventana, mientras el piano otrora su principal motivación, se llena de telarañas, total ¿para qué tocar? nadie visita el hogar de los Bovary.  No lleva una vida exenta de aburrimiento claro que no, una nodriza para ocuparse de la niña y una sirvienta para los menesteres de la casa, le dejan a nuestra dama burguesa, mujer de médico pueblerino, mucho tiempo para aburrirse y es que ella, apasionada de las novelas románticas, se ha pensado sin duda al casarse en que lograría una vida llena de emociones.  Ya languidece aburrida y con poco en que sentirse cómoda, situación ideal para fantasear con otro hombre, quizá un amorío  le devuelva a las emociones y le ayude a soportar a ese marido aburrido, mal educado y poco agraciado.

Y es que el hombre casado en primeras nupcias con una viuda que se ha muerto, prudencialmente, cuando él ya se ha enamorado de su paciente la señorita Emma, con la que se casa casi de inmediato.  Su nueva esposa se sueña una vida como la de sus libros, romántico marido, buena condición social y una vida llena de emocionantes veladas, como aquella a la que, recién casados han asistido.  No hay nada de aquello, ha dado a luz y la vida la deprime, el marido es todo menos romántico, no hay vida social, y ella está a punto de morir de puro aburrimiento, hasta que mudados para recuperar su salud, otro gesto del marido complaciente, conoce a León un pasante de leyes, que comparte como ella la lectura y la imaginación romántica.  Al cabo de pocas semanas, están enamorados, aunque el amor será solo platónico, Emma aún tiene sus escrúpulos en convertirse en una mujer infiel.  Así las cosas León desilusionado se marcha a París y ella sigue su vida gris.

Rodolfo es el hombre que se convertirá en su amante, un mujeriego empedernido que sabe muy bien como manejar a las mujeres, ya le hace guiños, ya le da a entender que le desborda la pasión, y mientras marido e hija se ocupan en recorrer la feria agropecuaria del lugar, Emma y Rodolfo sellan su relación, ya ella piensa que éste es el hombre que buscaba, y es que tiene todas las cualidades que ella esperaba, le resulta romántico, viste a la moda y también frecuenta a lo mejor de la sociedad. Un día amanece pensando que huir es el siguiente paso, a lo que un Rodolfo más interesado en una aventura que algo permanente, desaparece.

A la par del adulterio, Emma se ha ido endeudando, comprando para sí hermosos vestidos y está ahora deprimida por el abandono de Rodolfo, cuando el buen marido Charles propone ir a París, ahí se reencuentra con León, esta vez pasan de las miradas furtivas y los roces accidentales a amantes, antes que Emma, y el marido ignorando todo, se vea que no hay cómo salir de las deudas contraídas, y cual heroína romántica de sus novelas, se suicida con arsénico,  ¿para qué quiere vivir? León ha marchado, la atormentan las deudas, la hija poco cariño le ha despertado y apenas le conoce, siempre al cuidado de la nodriza, y Charles, vaya marido insoportable, la muerte es para Emma la liberación de un aburrimiento que no soporta más.

Madame Bovary es una de esas heroínas literarias tan famosas, y tan versionadas en el cine.   Una novela que encaja dentro del movimiento “realista” francés, de Gustave Flaubert.  Emma no es la heroína romántica y generosa, está muy lejos de sabernos a una Jane Eyre siempre dispuesta a complacer y ser generosa, Emma es egoísta y vive estancada en el sueño que ha guardado siempre, figurar en sociedad y tener una vida emocionante, cuando éso no ocurre, decide morir, no ama a la pequeña familia que tiene, suicidándose sin importarle el dolor que les causará, además de la ruina económica habiéndose gastado cuanto podía para endeudarse cada día más, como culpándolos de sentirse ella aburrida. 

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Escrito por | 17 de febrero de 2010 con 2 comentarios.
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