Rasputin ¿un iluminado o solamente un hombre depravado?
Cuando una observa las imágenes, que han permanecido a través del tiempo, de Grigori Rasputin, sin duda se siente un tanto atemorizado y ya luego la sensación será de incredulidad, sobre el gran poder que el humilde campesino siberiano, llegó a ejercer dentro de la dinastía de los Romanov. Rasputín nació a orillas del Tura en 1869, en la mayor pobreza, creció sin obtener casi nada, era iletrado, un niño salvaje que dio paso a un hombre adulto, altísimo, con mirada profunda, apasionado igual en sus simpatías que en sus odios, un poseso, se dice, sexual, le gustaban los hurtos y a consecuencia de ellos, fue destinado a una pena de tres meses en un monasterio, ya luego dijo que había tenido visiones religiosas y se adhirió con devoción, a un grupo, una secta religiosa, en la que flagelarse era lo normal, y al mismo tiempo participaban de todo tipo de orgías.
La historia lo ha referido, como un hombre malvado, que buscaba poder, le agradaba relacionarse con chicos y chicas, participaba de orgías sexuales al mismo tiempo que presumía de santo. Logró por algún tiempo dedicarse a viajar por Tierra Santa, se casó, se alejó de los “flagelantes” y marchó por toda Rusia, ya se dice tratando a los enfermos y sanando algunos con sus solas oraciones.
Mudado a San Petersburgo, entró en contacto con algunos importantes personajes, que sin duda fueron la manera en que sus poderes llegaron a oídos de la Zarina Alexandra, que atormentada por la hemofilía del Zarevich Alexis, le acogió a su lado, le dejo mano libre en el tratamiento de su hijo, se dejó influenciar por él en cuestiones políticas, en sus “profecías” sobre el futuro de Rusía y con ello influenció a un Nicolás, siempre dispuesto a aceptar las sugerencias de su mujer, lo que sin duda fue un factor determinante en el derrumbe de la Rusia Zarista.
Rasputín se convirtió en un hombre importante, poderoso y famoso, algunas encumbradas damas se sentían “honradas” de compartir el lecho con aquel que se llamaba a si mismo “iluminado” y que era un hombre de grotescos ademanes y peores costumbres, un disoluto que lo mismo se emborrachaba que departía con prostitutas y se relacionaba igual con jóvenes. Ese era el monje que despertó el odio de la clase política rusa, la gente cercana al Zar, entre ellos el primo del Zar, Felix Yusopov en cuyo palacio se planeó y se llevó a cabo el asesinato del monje.
Rasputín acudió a aquella cita, en que fue envenenado, y luego disparado varias veces, para ser cargado por sus ejecutores y lanzado al río Neva, su cuerpo encontrado mucho más tarde, dio evidencia que murió ahogado, y no por los tiros, ni por el veneno. De éste último aspecto se desprende, la creencia que era, en cierta medida invulnerable a los venenos, ya que temiendo ser asesinado de ese modo por sus antagonistas, se hacía suministrar cada día un poco de veneno para volverse, como luego se volvió, tolerante a los venenos.
Rasputín moría en 1916, Rusía se acercaba entonces, a un cambio que llevaría a la muerte a los integrantes de la última dinastia Rusa, Los Romanov, fueron desplazados en febrero de 1917, por un gobierno que daría luego paso a la revolución Bolchevique en octubre del mismo año. Irónicamente el zarevich no murió de aquello que tanto temía su madre, la hemofilía, sino bajo las balas de sus captores en Ekaterimburgo el año siguiente de 1918. Lee “Rasputin y el Ocaso de un imperio” de Michael Prawdin pinchando aquí
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Escrito por Sunday |
4 de Mayo de 2010 con
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