Si me muero que me pongan desnudo, desnudo frente al mar | José Hierro, poeta de la postguerra

José Hierro nació en Madrid, España, en 1922, aunque se crió en el norte español, Cantabria. La vida marchaba  bien hasta la llegada de la guerra civil española, debe dejar los estudios y sufrir la prisión de su padre, y aún así su triste experiencia con la dictadura no terminará ahí, concluida la guerra civil, es perseguido y encarcelado por cuatro años, por “proteger a presos políticos”, el principio de la década de los 40, supusó su liberación y el comienzo de su experiencia como poeta. 

Trasladado a vivir en Valencia, se encontró asistiendo a las tertulias, y escribiendo mucho durante aquellos años.  En 1947, un poeta que es un joven todavía, pero un hombre que ha sido llevado al dolor a través de la persecusión y la cárcel, publica emotivos poemas vertidos en su libro “Tierra sin nosotros”, le seguirían muchos durante los años siguientes, hasta su muerte en Madrid en el 2002, víctima de un infarto y complicaciones de un enfisema.

José Hierro era un poeta emotivo, existencial, un hombre que se creía destinado a escribir en cualquier lugar, menos en su casa, de ahí que sus grandes poemas nacieran en algún café, o en algún bar, en medio de la soledad lo mismo que en medio del bullicio de las tertulias que solía frecuentar.

Fue designado a la Real Academia Española de la Lengua, a la que no pudo sin embargo integrarse, galardonado con el premio Cervantes, Honoris causa de la Universidad de Turín.

ALMA DORMIDA

Me tendí sobre la hierba entre los troncos que hoja a hoja desnudaban su belleza. Dejé el alma que soñase: volvería a despertar en primavera.

Nuevamente nace el mundo, nuevamente naces, alma (estabas muerta). Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo: tú dormías, esperando ser eterna.

Y por mucho que te cante la alta música de las nubes, y por mucho que te quieran explicar las criaturas por qué evocan aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas

hacer tuya tanta vida derramada (era vida, y tú dormías), ya no llegas a alcanzar la plenitud de su alegría: tú dormías cuando todo estaba en vela.

Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro… (Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

De “Agenda” 1991

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Escrito por Sunday | 4 de Febrero de 2010 con 3 comentarios.
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